Sabías que cuando sueñas con una persona que falleció no es casualidad

No es una casualidad. No es solo un recuerdo que flota en tu subconsciente.

Es algo más.Es un momento en el que el velo que separa nuestro mundo del que sea que esté después se vuelve tan fino, que casi puedes sentirlo.

En ese instante de sueño, cuando tu mente racional descansa, tu alma se abre y permite ese reencuentro.Esas visitas son regalos. Son un susurro en la quietud de la noche que te dice: «

¿Ves? No me he ido del todo. Mi amor por ti fue tan fuerte que atraviesa cualquier barrera».A veces vienen para darte un mensaje de paz, para calmarte si estás angustiado.

Otras, simplemente para compartir contigo un momento de silencio, como hacían antes. Puede que no pronuncie palabras, pero en el sueño lo entiendes todo.

Sientes su presencia, su esencia, y amaneces con una sensación extraña de serenidad.No temas a estos sueños. No los descartes.

Abrázalos. Recíbeles con el corazón abierto. Es su manera de recordarte que el amor no conoce de finales, de que el vínculo que forjaron permanece intacto, más allá del tiempo y de la forma física.

Es el consuelo que tu corazón necesita y que el universo te envía de la manera más sutil. Es la prueba de que, en realidad, nunca se fueron.

La próxima vez que sueñes con esa persona que tanto extrañas, cierra los ojos al despertar y guarda ese sentimiento en lo más profundo de tu ser. Agradécele la visita. Porque, créeme, fue real.